Spanish Story

El Vecino Ruidoso

The Loud Neighbor

Julia is disturbed by her neighbor who is constantly making loud noises. She tries to approach her neighbor about the strange noises.

Loud Neighbor

Spanish Read

Julia vivía sola en un apartamento pequeño. El edificio era viejo. Las paredes eran finas. Ella trabajaba de día y dormía de noche. Por la noche, ella necesitaba silencio para descansar. Pero su vecino de arriba hacía mucho ruido.

Al principio eran pasos. Muchos pasos, fuertes. Era como si alguien caminara con botas. Julia escuchaba a las tres, a las cuatro, a las cinco de la mañana. Luego vinieron golpes en la madera. Golpes largos. Golpes cortos. Golpes que no tenían ritmo. A veces escuchaba una silla que se arrastraba. A veces escuchaba risas lejanas y canciones rotas.

Julia bajó una vez la basura y tocó la puerta del vecino. Un hombre abrió. Era bajo, talla mediana. Tenía ojos oscuros y una voz tranquila. “Hola”, dijo él. “Soy tu vecino.” Julia le explicó que ella no dormía. El hombre dijo: “Lo siento. Estoy trabajando. Tengo máquinas.” Julia pensó que era verdad. Pero los ruidos siguieron.

Ella habló con el propietario del edificio. El propietario dijo que no podía hacer mucho. “Es un edificio viejo,” dijo. “Todos hacen ruido.” Julia protestó otra vez. Puso tapones. Puso una radio con música suave. Nada ayudó.

Una noche, Julia se despertó con un sonido que no conocía. Era una canción muy vieja. La canción venía del techo como un susurro. Julia escuchó la canción y sintió frío. La canción decía palabras que ella no entendía. Después, hubo un silencio largo. Julia abrió los ojos. La luz de la calle entraba por la ventana. Ella miró el reloj: eran las tres de la mañana.

Ella subió las escaleras. La puerta del vecino estaba cerrada. Pero de la puerta vino un viento frío. La cerradura estaba vieja. Julia tocó la puerta con la mano. La madera estaba fría. Entonces, de repente, escuchó pasos detrás de la puerta. Pasos que iban y venían. Pasos que se pararon cuando Julia respiró.

“¿Hay alguien?” preguntó ella en voz baja. No hubo respuesta. Solo un pequeño sonido, como dedos en la pared. Julia volvió a su apartamento con miedo. Esa noche no durmió. Miró a la pared del techo y vio sombras. Las sombras se movían sin una luz clara. Julia sintió que alguien la miraba.

Las noches pasaron y los ruidos cambiaron. Ahora eran golpes en el suelo al mediodía. Tardes con risas en la noche. Un día, detrás de la pared, Julia escuchó un llanto. Era un llanto muy triste. El llanto decía “ayúdame” en una voz quebrada. Julia corrió al apartamento del vecino y tocó la puerta con fuerza. Nadie abrió.

Ella decidió grabar los sonidos con su teléfono. Puso el teléfono en la mesa y dejó la grabadora encendida por la noche. En la mañana escuchó la grabación. Había pasos, golpes, una canción y el llanto. Pero al final de la grabación hubo otra cosa: una voz muy cerca del micrófono que dijo su nombre. “Julia.” La voz era pequeña y seca. Julia dejó el teléfono caer.

Julia fue al hospital por el miedo. Un doctor la miró y dijo que era estrés. “Descansa,” dijo el doctor. “Evita ruidos.” Julia regresó a su casa con la cabeza llena de preguntas. ¿Qué pasaba en el apartamento de arriba? ¿Quién vivía allí de verdad?

Una tarde, Julia vio un coche de policía en la calle. Un hombre de negro habló con el propietario. El propietario volvió con una cara pálida. “¿Qué pasó?” preguntó Julia. El propietario dijo: “Ese apartamento está vacío desde hace años. El hombre que vivía ahí murió hace mucho. Nadie vive arriba.” Julia sintió un frío en la piel.

Ella abrió la puerta del apartamento del vecino la noche siguiente. La puerta no estaba cerrada con llave. Dentro todo estaba polvoso. Había una silla rota y unas cajas viejas. En una esquina estaba un espejo grande con un marco viejo. Julia se acercó y vio su reflejo. Pero su reflejo no la miró. El reflejo sonrió. Julia dio un paso atrás.

De repente, la música vieja empezó otra vez. Las paredes temblaron. Julia escuchó pasos por la casa. No eran pasos humanos. Eran pasos que venían desde dentro de las paredes. La sombra en el espejo se movió y salió del vidrio como si el espejo fuera una puerta. Julia corrió hacia la salida. Las luces se apagaron.

Ella bajó las escaleras y gritó. Los vecinos vinieron, sorprendidos. La policía volvió. Buscaron en el apartamento. No encontraron a nadie. No había rastro de máquinas ni de vida. Solo el espejo y polvo. Cuando la policía se fue, Julia volvió a su apartamento lenta y cansada.

Esa noche el ruido cambió de nuevo. Ahora había un sonido en la pared que venía de su propia casa. Era un golpecito suave. Uno, dos, tres. Julia se acercó a la pared y apoyó la mano. La madera estaba tibia. Al tocar siguió el golpecito debajo de su mano. La voz susurró: “Veo tu nombre. Te espero.”

Julia cerró los ojos y corrió a la cocina. Encendió la luz y miró la puerta. En el marco había una marca, como una mano impresa en la madera. La marca estaba caliente. Ella supo que algo vivía en las paredes. Algo que quería salir. Julia empacó una bolsa y salió del edificio esa noche. Caminó sin mirar atrás.

Desde entonces, Julia vive con miedo en otro lugar. Ella oye a veces la misma canción en sueños. La voz dice su nombre cuando ella duerme. Ella sabe que el ruido sigue en ese edificio, en la oscuridad entre pisos y paredes. Y cuando la noche es muy silenciosa, ella recuerda la última voz que escuchó dentro de su casa: “Julia.”

Quiz Time

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El Vecino Ruidoso

Lets see how much you can recall of this story!

1 / 7

¿Qué palabra escuchó Julia en el llanto detrás de la pared?

2 / 7

Cómo era el edificio?

3 / 7

¿Qué objeto grande encontró Julia en el apartamento de arriba?

4 / 7

¿Qué escuchaba Julia primero por la noche?

5 / 7

¿Qué decidió hacer Julia al final de la historia?

6 / 7

¿Qué escuchó Julia detrás de la puerta del vecino?

7 / 7

¿Qué dijo el vecino cuando Julia habló con él?

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